Los dos pilares que más grabados me quedaron al leer el corpus fueron:
LA PALABRA Y LA LIBERTAD. Casi como un conjunto inseparable.
Es importante que todos comprendamos, tanto los
alumnos como los docentes, que la literatura no es una obligación sino un
camino hacia la libertad. Como docentes debemos transmitir el sentimiento y la
pasión por ella. No sólo basta con enseñar tecnicismos, porque bien sabemos que
esto no es agradable para muchos aunque si necesario, sino contagiar eso que realmente produce la palabra
y, también, la literatura: gracias a ellas podemos ser “un poco mas libres”.
La creación de nuevos mundos mediante la literatura, la conexión entre
nuestro mundo exterior y el mundo en el que nos insertamos (o inserta el texto)
cuando leemos un cuento, una novela, un
poema, lo que sea. La capacidad de expresión de nuestros pensamientos mediante
la palabra y la importancia de la creación de estos pensamientos. Estas cosas
son las que nos hacen libres, las que, también, nos hace humanos.
Como futuros docentes nuestra labor es mostrarles a nuestros alumnos que
con la literatura también se nos abre la cabeza, de manera literal: aprendemos
a entender la mirada del otro, a valorarlo, comprenderlo, a comprender un
poco más el mundo en el que vivimos, qué pasó antes y qué pasa ahora.
La literatura es la puerta a la liberación.
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