Buenas
tardes a todos.
En primer
lugar, me disculpo por la tardanza en participar en este blog. He leído el
material y las entradas de todos ustedes, y me han parecido sumamente
interesantes, aquí les dejo mi aporte.
Creo que
todos lo que decidimos transitar este camino de formación docente de prácticas
del lenguaje y literatura, amamos el lenguaje, la lengua. La lengua
como sistema, con sus palabras; con sus reglas y licencias; con la asombrosa posibilidad
de crear mundos increíbles y jamás conocidos; con su poder de hacer material nuestros pensamientos;
con su llave para hacernos libres en
mundos desconocidos y mágicos, como así también, en el mundo real al
permitirnos hacernos dueños de nuestros derechos y obligaciones, portadores de
voz propia…
Además
de amar las palabras, tenemos el deseo de transmitir ese amor a otros. Como
futuros docentes debemos intentar contagiar el amor por la literatura a
nuestros alumnos, siendo referentes de lectores literarios para ellos y
sabiendo que la literatura nos permite recrear y comprender mejor nuestro
propio mundo. Pero, además, tenemos la obligación de brindarles las
herramientas necesarias para que ellos puedan leer, comprender y producir
textos no literarios porque serán esos textos los que les permitan defenderse y
hacerse respetar.
Por eso,
deberemos asegurarnos que ellos conozcan el lenguaje, que puedan hacer correcto uso de sus palabras y respetando el valor
que ellas tienen. Como dice Guillermo Saavedra en su texto “Elogio de la
lectura”:
No hay transmisión inteligente de esas capacidades
del lenguaje – de la posibilidad de leerlo y escribirlo- si no se comprende que
las palabras son materiales diferenciados y múltiples: cada una de ellas reina
en su modesto o vasto territorio de sonido y de significado.
Como docentes en formación, creo que es
nuestra obligación con nuestros futuros alumnos hacer todo lo posible para que
se enamoren de las palabras como nosotros. Y no sólo del amor por la lectura
literaria sino también de todas las lecturas posibles y de la escritura en
todas sus formas; ya que esa es y será su llave
para la libertad. Además, si logramos que algunos de ellos amen las
palabras es muy difícil que ese amor
desaparezca.
Para finalizar, les comparto un fragmento
del texto de Oche Califa “Amar las palabras” que fue publicado en el material
de un curso docente sobre la alfabetización inicial.
[…]Sí tengo para decirles que si uno ama las
palabras, ¿por qué no va a querer verlas escritas? ¿Por qué no va a querer,
alguna vez, escribirlas? ¿Verlas tomar otra dimensión en el papel, crecer y
multiplicarse…?
Hola a tod@s,
ResponderEliminarDel libro al lector
Como dice José Emilio Pacheco: “El secreto y la clave”, que estaban en las páginas del libro que jamás llegó a leer. Como es sabido, la lectura es una condición necesaria para el acceso a un universo cultural, que se construye a partir de un trabajo intelectual que permite una apreciación, tanto del saber leer como de las estrategias que posibilitan esta acción. Es así, que como futuros docentes debemos abordar la formación de lectores: competente, autónomo de las múltiples posibilidades de nuestro lenguaje.
Un ejemplo de interpretación es el texto de Eduardo Galeano, “Para la cátedra de literatura”, donde la palabra toma importancia con la cuestión del discurso; en el habla y la acción.
A partir, de los aporte de Eva, sobre “amar las palabras”, como propósito estético o como la búsqueda afanosa de la construcción de sentido. Y como dice Mónica Sifrim en su texto “El juego infinito de los textos”, donde el lector se olvida de su mundo cotidiano y se ubica en el de los personajes, “…a conspirar, a transformarse…” y “…pase a ser una forma nueva de la vieja locura…”