domingo, 29 de mayo de 2016

Amar las palabras.

     Buenas tardes a todos.
     En primer lugar, me disculpo por la tardanza en participar en este blog. He leído el material y las entradas de todos ustedes, y me han parecido sumamente interesantes, aquí les dejo mi aporte.
     Creo que todos lo que decidimos transitar este camino de formación docente de prácticas del lenguaje y literatura, amamos el lenguaje, la lengua.  La lengua como sistema, con sus palabras; con sus reglas y licencias; con la asombrosa posibilidad de crear mundos increíbles y jamás conocidos; con su poder de hacer material nuestros pensamientos; con su llave para hacernos libres en mundos desconocidos y mágicos, como así también, en el mundo real al permitirnos hacernos dueños de nuestros derechos y obligaciones, portadores de voz propia…
     Además de amar las palabras, tenemos el deseo de transmitir ese amor a otros. Como futuros docentes debemos intentar contagiar el amor por la literatura a nuestros alumnos, siendo referentes de lectores literarios para ellos y sabiendo que la literatura nos permite recrear y comprender mejor nuestro propio mundo. Pero, además, tenemos la obligación de brindarles las herramientas necesarias para que ellos puedan leer, comprender y producir textos no literarios porque serán esos textos los que les permitan defenderse y hacerse respetar.
     Por eso, deberemos asegurarnos que ellos conozcan el lenguaje, que puedan hacer correcto uso de sus palabras y respetando el valor que ellas tienen. Como dice Guillermo Saavedra en su texto “Elogio de la lectura”:
     No hay transmisión inteligente de esas capacidades del lenguaje – de la posibilidad de leerlo y escribirlo- si no se comprende que las palabras son materiales diferenciados y múltiples: cada una de ellas reina en su modesto o vasto territorio de sonido y de significado.
     Como docentes en formación, creo que es nuestra obligación con nuestros futuros alumnos hacer todo lo posible para que se enamoren de las palabras como nosotros. Y no sólo del amor por la lectura literaria sino también de todas las lecturas posibles y de la escritura en todas sus formas; ya que esa es y será su llave para la libertad. Además, si logramos que algunos de ellos amen las palabras es muy difícil que ese amor desaparezca.
     Para finalizar, les comparto un fragmento del texto de Oche Califa “Amar las palabras” que fue publicado en el material de un curso docente sobre la alfabetización inicial.

 […]Sí tengo para decirles que si uno ama las palabras, ¿por qué no va a querer verlas escritas? ¿Por qué no va a querer, alguna vez, escribirlas? ¿Verlas tomar otra dimensión en el papel, crecer y multiplicarse…?

1 comentario:

  1. Hola a tod@s,
    Del libro al lector
    Como dice José Emilio Pacheco: “El secreto y la clave”, que estaban en las páginas del libro que jamás llegó a leer. Como es sabido, la lectura es una condición necesaria para el acceso a un universo cultural, que se construye a partir de un trabajo intelectual que permite una apreciación, tanto del saber leer como de las estrategias que posibilitan esta acción. Es así, que como futuros docentes debemos abordar la formación de lectores: competente, autónomo de las múltiples posibilidades de nuestro lenguaje.
    Un ejemplo de interpretación es el texto de Eduardo Galeano, “Para la cátedra de literatura”, donde la palabra toma importancia con la cuestión del discurso; en el habla y la acción.
    A partir, de los aporte de Eva, sobre “amar las palabras”, como propósito estético o como la búsqueda afanosa de la construcción de sentido. Y como dice Mónica Sifrim en su texto “El juego infinito de los textos”, donde el lector se olvida de su mundo cotidiano y se ubica en el de los personajes, “…a conspirar, a transformarse…” y “…pase a ser una forma nueva de la vieja locura…”


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